miércoles, 26 de octubre de 2011

Flaming oxidized fucking Cadillac.

Joder, estamos encerrados y a salvo, pero no paran de sonar los silbidos que acompañaban a cada misil. Joder, hacía cinco meses y ocho días que había recibido la triste noticia de que mi gente había sido devorada por mutantes. Joder ahora ellos no son una amenaza, ni siquiera los considero un enemigo importante. Joder, el tiempo dió la razón a esos tíos que decían que el hombre es el depredador del hombre. ¡Joder, joder, joder!

Está bien, han llegado unos saqueadores, pero normalmente no hace falta disparar más de tres o cuatro ráfagas de balas para ahuyentarlos. Suelen ir en grupos de no más de veinte personas. En Newfort somos más de mil.

Lo que ha ocurrido hoy ha sido muy distinto. A primera hora de la mañana salté de la cama después de haber escuchado un estruendoso golpe en el techo de mi habitación. Di un pequeño paseo por casa, y tras no ver a nadie dejé de seguir buscando, pero otro golpe inundó mis oídos, me asomé a la ventana y vi. Vi mi jodido Cadillac Fleetwood Eldorado en llamas.

Había comenzado la invasión, las sirenas de alarma me despejaron mejor que el café que venía del mismísimo huerto. Pero carecía del aroma agradable, lo único que percibió mi nariz era pólvora y sangre.

Las balas estallaban en el granito de la fortaleza. Traen armamento militar y están perfectamente organizados y coordinados. El destello que producen sus armas, al golpear con el percutor la bala, puede verse desde aquí. Una lluvia de estrellas mortal.

Escuché algo sobre éstos indeseables. Se dice que arrasaban ciudades, robaban todo lo que podían, violaban a todo aquello que tuviese una vagina o menos de 12 años y después mataban a toda la población.

Creo recordar que su nombre era algo como... Red Forest. Pero ya no tiene sentido nada de esto, las explosiones han cesado y no se oyen gritos de victoria. Estamos condenados a morir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Visitas