lunes, 19 de septiembre de 2011

Milagros y desgracias

En primer lugar quería saludaros a vosotros y a mi blog después de éste parón para disfrutar del verano.

Me hace muchísima gracia ver noticias del tipo: "Tras la catástrofe de la lluvia de fuego y posterior hecatombe nuclear en Xlandia. Se ha descubierto a un recien nacido ileso debajo de una tonelada de acero fundido". Y más gracia me hace, y a eso vamos, aquellos que catalogan éso de milagro. Sí, sí, como lo oyen, un milagro. 1.400 muertos, 680 desaparecidos y 17.350 heridos y afectados. Dios seguro que ha intercedido para salvarle la vida al mocoso.

Y claro, hay analfabetos que le siguen el rollo a los parias ésos.

Leí hace unas semanas en un cómic online una viñeta con mucha gracia, y que tiraba por esos temas. Era algo como un niño postrado en una cama clamando el milagro del que había sido "víctima", ya que había superado en parte una grave enfermedad. Y cómo el médico pensando que al ser un milagro, el bastardo no necesitaba la respiración asistida se la quitaba. El niño se iba poniendo morado con la asfixia autoerótica ésta y pedía misericordia. No a Dios, sino al médico.

Si Dios de verdad existe, debe ser un cabrón como la copa de un pino. Y aquellos que tras un accidente de tráfico les pasa el ventilador del motor a tres milímetros de la yugular, dan las gracias al ya mentado, deben ser tontos.

¿Qué hay de milagro en superar enfermedades con un porcentaje de mortandad del 97%? Ser del 3% restante. No hay más.

En ésto y más se apoyarán los líderes de las creencias religiosas para atraer a más y más supervivientes. Porque claro, tú nunca podrás salvarles de algo así. Sólo Dios. ¿En quién iban a confiar, en su salvador o en aquel que intenta que reniegues de él?

Gracias Dios por las enfermedades. Gracias Dios por las matanzas. Gracias Dios por las catástrofes naturales. Pero sobre todo. Gracias Dios por dejarnos a algunos vivos.

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