martes, 10 de mayo de 2011

Historia.

Estoy encerrado en mi habitación, con todas las luces apagadas, acariciando mis dedos unos contra otros.

Lo mío no era un transtorno bipolar común, era poco regular y muy fuerte. Como hoy, mis manos están cubiertas de sangre, y no tengo más heridas que un pequeño corte junto al ojo, algo parecido a un arañazo.

Me siento claustrofóbico, como si las paredes de mi habitación se cerrasen al más puro estilo Indiana Jones. He vuelto a matar y me veo como un hombre lobo. Sólo espero no haber hecho sufrir demasiado a mi última víctima.

La cabeza me da vueltas, no sé por qué lo hago ni cómo, sólo sé que vuelvo en mí con un dolor de cabeza enorme, y por supuesto con lo más llamativo, la sangre. Sangre por toda mi habitación, sangre en las sábanas, junto al ordenador e incluso dentro de los armarios.

A veces dejo las armas con las que asesino en la entrada de la puerta, y cuando aflora el yo bueno, tengo que correr a deshacerme de ellas. Normalmente las entierro en un descampado que hay a las afueras de mi ciudad. Limpio mi casa, y nunca nadie sospecha nada de mí.

Suena la puerta, alguien llama. No he limpiado mi casa aún, pero sólo parece haber sangre en mi habitación. Me acerco a la puerta, pongo mi ojo en la mirilla. Mi corazón se tranquiliza, tan sólo es mi vecina. Abro la puerta dejando sólo salir mi cabeza, me pregunta si he visto a su hija, —una chica de unos 16 años, guapísima, a la que solía espiar cuando entraba al cuarto de baño— la mujer está desesperada, dice que no vuelve desde anoche, y empiezo a temblar.

¿Puedo haber sido yo?¿Por qué haría algo así? El corazón me da un vuelco, me pongo pálido y mientras balbuceo lentamente, que no tenía ni idea de dónde podía estar la chiquilla, la mujer me empuja, entra en mi casa, y se acerca a una mano ensangrentada que asomaba por la puerta del salón ¡Mierda, pensé, nunca jamás he metido a una víctima en mi casa!

La mujer grita junto a lo que era claramente el cadáver de su hija. Me clavo de rodillas en el suelo, lloro. Se levanta y se dirige hacia el teléfono insultándome y blandiendo un abrecartas que había junto a ella.

Me suda el cuello, mi vista se vuelve borrosa, mis tendones se tensan...
¡Oh Dios mío!¡Aquí voy de nuevo!

1 comentario:

  1. Sombrero gris, guantes marrón,
    En el cerebro una obsesión.
    Cuida atención a contraluz,
    Frente al espejo se observó.
    "Nadie puede sospechar, sólo seré uno más."

    Oscureció, no va a llover,
    La luz verás muy luminosa.
    Sus pasos van delante de él,
    Resuenan contra la pared.

    Debe morir a matar,
    Ya no lo puede evitar.
    Siente la sangre brotar,
    Siente el cuchillo rajando la piel.

    Mañana el mundo llorará ante el horror.

    Son ya las diez; esperará.
    Los pájaros se esconderán.
    No piensa en nada,
    Éste es su momento.

    Ha visto ya a alguien llegar,
    A una mujer que va a tener
    La vida a punto de perder.

    Horas después despertó,
    No sabe qué sucedió.
    Malas sospechas, temor,
    Alguien su cara a vuelto a arañar.

    La ropa ensangrentada,
    Barro en los zapatos nuevos,
    Roto su reloj.

    Caerá la noche y saldrá, sí,
    En el jardín de la niebla estará.
    Esperad la víctima llegará.
    Entre las sombras acecha el terror.

    No sentirás el dolor.
    No tendrás tiempo de más,
    Ni siquiera de gritar.
    Siento que vuelvo a vivir.
    Siento que vuelvo a nacer.
    Siento tu vida acabar
    De vuelta en mi libertad.

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