jueves, 19 de mayo de 2011

Cian oxidized fucking Cadillac.

Tenía ganas de llegar ya a aquella ciudad, decían que había comida y estaba bien protegida de los mutantes que creó la inmensa radiación nuclear. Mi Cadillac Fleetwood Eldorado ya oxidado, no aguantaría más de media hora si no encontraba una gasolinera.

Por suerte voy armado, y ésos mutantes no me dan miedo mientras me quede munición. El problema podría ser el agua, o la comida...

Si el maldito coche me dejaba tirado, no iba a poder cargar con un rifle, mi mk22 y suficiente comida y agua como para aguantar más de tres días. Estaba ya, impaciente por llegar a Newfort.

Estando como andan las cosas, a ninguna ciudad le conviene nueva población si no eres un adulto sano. Quieren potenciales soldados, que sigan defendiendo la ciudad y su subsuelo con sus vidas. Creo que me aceptarán.

Por suerte, mientras conducía pensando en éstas líneas me crucé con un par de gasolineras, y aunque en la primera no pude repostar, sí pude ducharme y rellenar las garrafas de agua. Aunque no os lo creáis, eso era el mayor golpe de suerte que podía tener. ¡Un maldito lugar alejado de la mano de Dios en el que funcionaba la red de tuberías! Debía haber un pozo cercano, y por ende, también debía haber animales mutados cerca de él.

Corrí hacia mi coche, lo puse en marcha y avancé hacia la segunda gasolinera. Allí pude llenar casi todo el depósito. Suficiente como para llegar a Newfort. Echaba de menos la vida que pasé en mi pueblo. Pero los incesantes ataques de mutantes y la escasez de alimentos me hicieron tomar éste camino.

Recuerdo a mi madre llorando, todo el mundo sabe que quien se adentra sólo en el desierto, muy posiblemente morirá, y nadie se atrevió a acompañarme en éste viaje. De hecho antes de partir, hicieron un funeral en mi honor y presencia, para que mi alma quedase tranquila si por desgracia era atacado y devorado por mutantes.

Cuatro horas después de lo de la gasolinera, fui atacado por mutantes, pero mi precioso Cadillac, corría más que esos hijos de puta. Pude escapar y de paso llenar de plomo a una de esas bestias del demonio.

Por fin y tras otras ocho horas de viaje, ví la gran fortaleza, en un cuarto de hora estaría allí. Pensé de nuevo en mi pueblo, y me entristecí, porque no sabía si aquel funeral deberían haberlo oficiado para ellos. Pues el mismo día que partí se esperaba una intensa oleada de mutantes... *Te quiero mamá, te quiero papá, te quiero peque. Dios, cuída de ellos*

—¿¡Quién vá?! Preguntó un guarda al que a la primera vez no contesté pues aún pensaba, con nostalgia, en los míos.
—Un soldado que quiere vengar a su pueblo, Nueva Nemesia. Respondí.
—Dios mío hijo, ¡entra ya! ¡Abrid las puertas, ha llegado un héroe!

Abrieron el enorme portón ante mí. Una nueva vida, un nuevo amanecer. Eso me espera, ¿no?

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