lunes, 9 de mayo de 2011

Biscape

Hacía frío y estábamos todas dispuestas en fila, aprisionadas por una tela plástica poco flexible. De vez en cuando se escuchaban golpes en la parte de fuera. Las primeras y las últimas de la fila se retorcían de dolor, algunas habían muerto por la presión, las que aún quedaban vivas sufrían tormentos y perdían partes de sus pequeños cuerpos.

De pronto, algo parecido a una grúa gigante nos sacó de la habitación aún encerradas en la tela plástica. La tortura no acabó ahí, fuimos lanzadas varios metros hacia una superficie dura, algunas amigas más murieron por aquel golpe. al cabo de un par de minutos la grúa rompió el precinto, y sacó a las primeras seis de la fila...

Sólo la séptima podía ver lo que estaba ocurriendo, pero sus gritos nos dejaban entrever que no se trataba de algo bueno, estaba desesperada y no sabía que hacer...

Por lo visto, la grúa sumergía en un ácido blancuzco a cada una de sus víctimas, y cuando éstas morían las introducía en un conducto extrañísimo dónde las machacaba y las hacía desaparecer, mis compañeras y yo, pensábamos que seguramente las introducía en sí misma como forma de combustible. Qué forma más horrible de vivir de otra especie.

Cuando ya hubo torturado, triturado e introducido en sí mismo a las primeras seis, cogió dos más. Nunca había pasado tanto miedo, ésas dos amigas chillaban con la mayor de las desesperaciones, y yo, era la siguiente.

Pude ver, cómo las separaba por la mitad, introducía sus órganos vitales en su cuerpo y las sumergía de nuevo en el peligroso ácido. La gran máquina parecía saciada, cogió el módulo plástico, hizo un nudo justo delante mía y volvió a enclaustrarnos en aquel lugar fresco y seco sin luz directa.

Así es, como mis amigas y yo tuvimos tiempo para idear nuestro plan...
EL ÉXODO DE LAS GALLETAS.

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