miércoles, 10 de marzo de 2010

La monarquía.

Mientras el trabajador y el empresario se meten caña. Los primeros por sus sueldos y su familia —ya que no saben si superarán la crisis—, los segundos porque cuando no tienen suerte, piensan en que no tienen derecho a paro y que su jubilación será ínfima. Todos en una complicada situación.

En el mismo orden de cosas, hay quien no tiene necesidad, un tal Juan Carlos. El sueldo que le toca a la casa real pasa cerca de la línea de los ocho millones de Euros —como estaréis deacuerdo, más de lo que merece su trabajo—, ¡qué cantidad más graciosilla!

El trabajo de un monarca es complejo, por lo menos en general, aunque básicamente se traduzca únicamente en firmar leyes, representar al pueblo, declarar la guerra y la paz...

Pero por supuesto eso no justifica el sueldo de una familia real —o reala—. Pero no quiero quedarme en el dinero, de todos es bien sabido que ganan más de la cuenta. Quiero hablar, por ejemplo, del trabajo de los infantes. Fornicar y aparecer en 'Lecturas' y en el 'Hoy Corazón', lo que requiere una dedicación exhaustiva.

Nunca me hizo ni puta gracia que una persona sea más privilegiada que otra por el mero hecho de que el señor cigoto fuese creado por Don Jaime XI y Doña Esther XXIV — es decir, por la unión del espermatozoide del cabrón y el óvulo de la señora—. Menos gracia me hace aún que históricamente ser rey sea debido a capricho divino.

No me queda más remedio que hacer balance. Las funciones de la monarquía son necesarias, pero no sería complicado unirlas a las del presidente del gobierno. Nadie debería cobrar semejante sueldo por absolutamente nada.

Lo último que me gustaría añadir, a modo anecdótico es lo de la ley del aborto. Don Juan Carlos I se ha visto obligado a firmar ésta ley, aprobándola —como era su obligación—. La iglesia no tardó en pronunciarse, que si excomunión para el de la corona, que si pimiento frito con carne poco hecha —yo la prefiero así, poco hecha—. Al final, por supuesto, lo han perdonado. Ya no hay excomunión para nuestro rey, pero sí para quien practique el aborto y los médicos y médicas —esto va por tí, Bibiana Aído— que participen en este tipo de procedimientos.

Increíble.

Próximamente: Pederastas, la iglesia, Ratzinger y su puta madre.

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