viernes, 22 de enero de 2010

Sociedad General de autores (autoras y autoros) Españoles

Cuando un grupo de personas se ponen deacuerdo para hacer estupideces, lo consiguen.
Es el caso de la SGAE, que ha llegado al punto —no lo digo yo, viene en los periódicos— de pretender cobrar en dos casos que rayan la imbecilidad.

No era ya suficiente con implantar un canon sobre soportes electrónicos —que pocos iban a utilizar para reproducir la bazofia musical que sus defendidos vomitan—, colarse en bodas para reclamar sus 'derechos de autor', arremeter contra la música floclórica de fiestas populares y un largo etcétera.

Sigo con lo de antes. Estos dos casos de los que pretendo hablar son: En primer lugar, la idea de la SGAE de hacer pagar una cuota para poder poner la radio en las peluquerías. Y lo segundo, más llamativa —amarilla fluorescente como poco— y no por eso menos estúpida la nueva iniciativa de la SGAE. Quieren, grito en el cielo y arrancándose la camisa de cuajo, cobrar a los geriátricos porque los residentes puedan ver la tele. Lo cual se escapa de toda lógica.

La televisión, como la radio o el internet, son medios públicos. Y al modo en que yo lo entiendo, la SGAE no hace más que meter la pata. Cuando la moralidad de ese grupo de personas es tan baja que pone precio a los últimos años de entretenimiento de personas mayores —aunque la mayoría del tiempo se lo pasen jugando a las cartas o charlando—, esa sociedad no merece ni respeto ni respaldo alguno.

Sin nada más que decir, reciban un cordial saludo —siempre y cuando no me critiquen—.

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