lunes, 25 de enero de 2010

Feminazismo

Ya iba siendo hora de ahondar en uno de mis temas preferidos; el hembrismo —término que evidentemente no aparece reconocido en Word, como si lo hace con machismo—, las feministas radicales, las ‘erizas’ y demás personajillos rebosantes de gracia del mundo celestial y la villa del señor.


Cuando hablo de erizas, me refiero a estas tipiquísimas lesbianas de camisa a cuadros, pelo corto y engominado de punta —a eso lo de erizas—. A las que sólo les falta el hacha para ser leñadoras. Estas mujeres son las que buscan junto con alguna otra gilipollas despechada, porque su marido ya no la aguanta, cambios estúpidos y sin sentido. Como son los siguientes.


En primer lugar, y uno de los más estúpidos casos, es el de la gramática. El hecho de que ahora, por tocar los cojones, en lugar del antiquísimo masculino neutro con valor general para los dos sexos, se utilicen las palabras que a ellas les da la gana. Así como utilizar subnormalidades de mayor calibre como el uso de la arroba (tod@s), el uso de una equis (capullxs) o el socorrido uso de la barra oblicua o ‘slash’ (gilipollas/os).


De este modo, por fin conseguiremos diferenciar a una agente de policía de un agente de policío —todos sabemos que los agentes de policío tienen menos competencias y son mas cachondis superguays—. Como se podría aceptar ya el término actora y del mismo modo el término actroz, todo sea por la igualdad.


Esta igualdad de la que hablo un poco más arriba, como ya todos sabéis, raya la oligofrenia y me quita las ganas de seguir viviendo. Hemos llegado a tal punto de tontería —corrección— política, de amariconamiento, que vamos a terminar comiéndonos la porquería esta con ‘papas’.


En segundo lugar, la visceral idea de que los hombres ganan más dinero que las mujeres. Cosa que aún no me creo. En términos generales sí que es verdad —puesto que hay más hombres que mujeres trabajando—. Pero al modo particular —es decir, la misma oficina, el mismo puesto y mismas condiciones— cobran exactamente lo mismo. En muy raros casos se da el caso contrario, y con normalidad es algo denunciado y resuelto en cuestión de poco tiempo.


Por último, quiero hablar del victimismo y la defensa ciega del poder judicial a muchas de estas guarras —y guarros, con perdón, que a estas alturas nadie sabe lo que decir—, ejemplos hay muchos, como la última tendencia de juezas y juezos de hacer ingresar en prisión a todo aquel sospechoso ;y que quede bien claro, sospechoso; de violencia de sexo —que no de género, como se empeñan en decir—. Hay otro caso muy llamativo con el que ya finalizo, que consistía en que una mujer quería acabar con la vida de su marido, por lo que se lo dice a su hermano, quien le pone en contacto con un sicario. El sicario, en el momento de la verdad no se atrevió a efectuar los disparos que acabarían con la vida del hombre, fue entonces cuando la mujer toma el arma y a quemarropa destroza la cabeza del hombre a quien algún día quiso. ¿La resolución del caso? Más de 20 años de prisión para el hermano de la chavala, más de 20 para el sicario que no disparó y 17 para la zorra.


Así van las erizas, así.

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